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( Por José Cantero ) - Descifrar al neosocialismo no es tarea sencilla ni está exenta de interpretaciones erróneas, porque su concepción se ramifica y muta constantemente con las acciones siempre cambiantes e incoherentes de sus grandes exponentes.
Maradona, conocido vocero de la Revolución, amigo personal de Fidel, seguidor de Chávez y declarado admirador del Che, arribó a Asunción de la mano de las máximas estrellas del fútbol argentino. Messi, La Brujita, y tantos otros galácticos integraban el equipo del promotor de la revolución.
Lo notable es que nuestro amigo revolucionario no vino con un equipo integrado por Juan Pueblo. Todos eran estrellas globales que valorados en dólares equivaldrían a 50 veces el valor del Defensores del Chaco.
El ex astro del fútbol, tras su derrota, y sin renunciar –porque la renuncia está prohibida entre revolucionarios– ya piensa en hacer modificaciones en el equipo argentino en búsqueda de mayor eficiencia, eficacia, competitividad, y tantos otros elementos ajenos al sistema del neosocialismo.
Un poco más al noroeste, en Bolivia, lo patético se volvía jocoso. La selección de Bolivia sufría una vez más otra derrota. La caída del equipo boliviano no es lo jocoso, eso viene después. La derrota, como bien se sabe es una palabra que hace tiempo fue erradicada del léxico revolucionario. Evo, airado por los hechos declaró: “Lamentamos el desempeño de nuestra selección en las eliminatorias. Hasta ahora el fútbol es una entidad privada, autónoma, dirigida por personalidades deportivas, pero no hay resultados, hay que estatizarlo para tener una representación digna”.
No sé que opinaría Maradona de su camarada boliviano, pues sin la economía de mercado no hubiese podido amasar los ingresos generados como futbolista. Habría que preguntarle al propio Diego. Lo cierto y concreto es que si en tiempos del astro argentino no hubiese existido libertad deportiva, hoy el Pibe de Oro sería tan miserable como un atleta cubano o bien se habría exiliado o fugado como lo hicieron miles de deportistas rusos que rompían la cortina de hierro en búsqueda de más libertad. En Bolivia, el socialismo se está metiendo hasta en el Hernando Siles.
Pero volvamos al Defensores del Chaco. El ex obispo de los pobres se encontraba en el palco de honor vibrando de emoción ante la garra de la Albirroja. A ciencia cierta no sabemos si Lugo pudo comprender que la misma fórmula que es válida en el fútbol es también válida en la economía. Ignoro si pudo descifrar que el esfuerzo, el trabajo arduo, continuo y en equipo, y con reglas claras para competir son ingredientes que hacen también que una economía sea más próspera.
A diferencia de su par boliviano, Fernando Lugo no salió con la retórica de estatizar al fútbol, pero sorprendió con otra medida igualmente populista: declaró asueto nacional por la victoria de la selección paraguaya.
Justamente en el día del asueto, cuando Lugo seguía vibrando por la gran victoria, los medios de prensa hacían eco –y no en la sección de deportes– que Paraguay era el menos competitivo de la región y estaba en la cola a nivel global. Los ránkings de Doing Business y del Foro Económico Mundial aplazaban la gestión del gobierno nacional para promover una cancha económica más plana, con reglas claras, donde el juego pueda desarrollarse de modo competitivo.
Así, mientras la selección de fútbol se coronaba entre los más competitivos a nivel mundial, nuestra economía se situaba en la orilla de la cola a nivel global. En tanto, Lugo declaraba asueto nacional. Vaya incongruencia.
Por eso, descifrar al neo socialismo es complejo, pues se tratan de vendavales de sin sentidos que vienen de distintas direcciones y se entrelazan en un mejunje de impulsos, opiniones e incongruencias. Pero en esencia, solo se trata de una bola de viento, de una masa de aire
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